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ÔĽŅ Madura coger a mi cu√Īada veterana caliente por la pija - SexAdictos.XXX
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Madura coger a mi cu√Īada veterana caliente por la pija

Mi cu√Īada Paki siempre fue un icono para el que os habla. No se pueden explicar los sentimientos; aunque m√°s que sentimientos, Paki despierta en m√≠ un incontrolable impulso sexual. M√°s bien puedo contaros c√≥mo es ella, y c√≥mo sucedi√≥. Todo hombre tiene un d√≠a que recuerda como el mejor de su vida, y que siempre lleva a gala en su secretismo interno. En mi caso, con solo treinta a√Īos de vida, ya puedo decir que tengo el m√≠o. Y no crean que estoy falto de momentos inolvidables, pues no puedo quejarme, pero encontrar la compa√Ī√≠a, en cama, de Paki es algo que me aup√≥ a las nubes de una forma tan dulce y femenina, que el solo recuerdo hace que mi √°nimo se venga arriba, rompiendo bajo mi bragueta.

Soy hombre de morbo familiar, más por cercano que otra cosa. Desde que empecé la relación con mi actual mujer, Paki, una de sus hermanas mayores, se convirtió en mi obsesión. No por belleza arrebatadora, no por cuerpo monumental, que nada de eso tiene; sino por hembra. Mujer de su casa, buena persona, con la belleza madura de las mujeres normales: jamona, voluptuosa y zalamera.


A sus cuarenta y seis a√Īos, lo que rodea a Paki es la sombra morena de las mujeres del sur de Espa√Īa. Pelo moreno ca√≠do sobre sus hombros, ojos negros y morena mirada de tiz√≥n dulce. Piel blanca, pero no tanto, menos brillante de lo que realmente es cuando la ves totalmente desnuda. Sonrisa de buena gente, m√°s o menos alta; aunque un poco m√°s baja que yo, p√≥nganle unos 170 cms, todos de hembra, desde los pies a la cabeza. Su tipo recuerda una juventud alegre y marchosa, que se escapa poco a poco; ¬°oh, tiempo indomable!. el culo, y las caderas, en su sitio, aunque ampliados por la edad, pero ya quisieran mujeres que un hombre como yo arriesgara el cielo para caer al infierno agarrado a ellas, como hago con las caderas de Paki. ¬†Pechos bonitos, agrandados en su cotidiano saber vestir, pero m√°s peque√Īos y apetitosos al tacto. Como dos peras gruesas, de pez√≥n amplio y aureola espl√©ndida, suave y sensible.

Una mujer con la que perderse. La mejor cu√Īada que se puede tener. Mi mayor secreto. Orgulloso de ella. Si me pidiera dinero por verla se lo dar√≠a como a la m√°s caras de las putas. Esa es Paki para m√≠, si fuera perfecta no me atraer√≠a en absoluto.

Imagino que todo lo que ocurrió desde que nos conocimos contribuyó. Desde cada mirada furtiva, hasta cada vestido llevado por ella para gustar; solo por el placer de estar guapa. Desconozco si ella me vio como yo a ella desde el principio. No sé si alguna vez fantaseó con estar conmigo, como yo cada noche que he puesto su cara a la de su hermana.

Las pajas pensando en ella empezaron pocos días después de verla por primera vez. En cada una la imaginaba en una situación diferente, y me creé un cuerpo imaginario. Y voto a Dios que la realidad supera la ficción. Ni mejor ni peor, solo diferente. Su olor, el tacto de sus carnes cálidas, sus gemidos, sus susurros dando ánimos cuando anduve galopándola… Nada de eso fui capaz de imaginar.

No pretendo aburrir al ávido lector con mis melancolías, deseos y sentimientos. Solo he creado un necesario marco donde situar esta historia real; como si de un cuadro se tratara. He visto oportuno describir cómo es ella, e intentar presentar mis emociones con la mayor veracidad posible.

Sepa, adorado lector, que su nombre es real, y su descripción física también.

Podría estar más tiempo explicando el devenir del océano que nos separaba al principio, y el cómo al final se convirtió en un estrecho riachuelo, en el que mojamos juntos nuestros más oscuros deseos. Pero el lector querrá masturbarse, espero poder ponérselo en bandeja. Paki merece muchas pajas en su nombre. Por tanto centraré mi relato en el fin de semana en el que ocurrió todo.

Har√° como un a√Īo y algunos meses desde que uno de los hermanos de mi mujer, y por tanto de Paki, contrajo matrimonio en las afueras de un apacible, bello y po√©tico pueblo de Andaluc√≠a. En un coqueto hotel enclavado entre pinares. Naturaleza desbordante. Los primeros colores del oto√Īo daban tintes oro y pardizos al emblem√°tico pinar. La luz del sol nos acompa√Īaba con absoluta dedicaci√≥n, pero con ese tono apagado y oblicuo con el que lo hace en el mes de octubre.

En aquel momento mi primer hijo tenía pocos meses de vida, y mi mujer dependía de adquirir tranquilidad para darle el pecho y cuidarle.

Muchos de los invitados, entre los que nos encontr√°bamos mi mujer y yo, contratamos habitaci√≥n. Pero este no fue el caso de Paki. La mala situaci√≥n econ√≥mica por la que atravesaban, su marido y ella en el desempleo, hizo que ambos, y su hija, planteasen su vuelta en el autob√ļs que por la ma√Īana comunicar√≠a con la ciudad a los invitados que as√≠ lo requiriesen.

Cuando el sol del sábado desapareció, una manta de estrellas cubría un precioso cielo carente de luna. Desde el balcón de mi habitación, lo contemplaba fumando un cigarrillo ya con el traje puesto y el pelo engominado. Dentro, sobre la cama, mi mujer daba el pecho, también vestida.

Al rato salimos camino de la recepción de la boda. Muchos invitados ya bebían y comían, charlando en grupos. Poco a poco fueron llegando más. Nosotros nos unimos con un grupo en el que ya estaban todos los hermanos de mi mujer, con sus respectivos y sobrinos.

Paki provocó mi primera erección de verdad. La mamada que me dio mi mujer sobre la cama una hora antes, no consiguió hacer circular la sangre en mi pene tan bien como la simple visión de su hermana mayor. Sonreía como solía, hablaba lo que solía: gallarda en conversaciones intrascendentales y callada cuando la inteligencia mandaba en la dialecta (no era amiga de culturizarse, la hembra de Paki). Vestía de azul marino, corto de faldera, mostrando una cuarta de muslo encima de la rodilla, y no demasiado escotado en una elegante terminación floral bajo el cuello. Espalda al aire hasta casi la cintura, disimulada con una chaquetilla torera negra, que también tapaba unos brazos desnudos hasta la axila. El pelo recogido atrás, con el flequillo algo caído sobre la  frente y mejilla. Piernas relucientes de medias claras y tacones de aguja, que deberían estar destrozándole los pies; pero que ella demostró llevar con elegancia y sufrimiento durante toda la noche.


Ya en la cena, el vino me hizo tomar la palabra rotunda sobre pol√≠tica. Notaba la mirada fija de Paki en muchas de mis afirmaciones marciales; el efecto del vino no me hizo percatar debidamente el mensaje de esas miradas, casi por primera vez not√© que me miraba espesamente, l√°stima no haberlo saboreado en el momento, pues esta conclusi√≥n la saqu√© a la ma√Īana siguiente, mientras fumaba un cigarro desnudo sobre la cama de nuestra habitaci√≥n, plenamente satisfecho, oyendo el ru√≠do del agua de la ducha que se estaba dando Paki.

La cena concluy√≥ y se inicio el tiempo muerto entre el final de los postres y la barra libre. Yo encend√≠ un pitillo mientras apuraba mi √ļltima copa de vino, con la camisa remangada y la chaqueta puesta sobre la silla. Mi mujer fue a la habitaci√≥n a dar a nuestro hijo el pecho y algunos se levantaron al ba√Īo o a echarse la primera copa. En la mesa solo nos quedamos Paki y yo.

Paki ‚Äď Muy buena la cena, ¬Ņverdad?.

Yo ‚Äď Me gusta la carne menos hecha, pero el vino no es malo del todo.

Paki ‚Äď T√ļ siempre criticando, ¬Ņno?. A mi me ha parecido muy rica.

Encendí otro cigarro, la llama azulada de la cerilla iluminó mi rostro. Exhalé el humo lentamente y me eché hacia atrás, con aire divertido.

Yo ‚Äď Se nota que tu marido te saca poco a cenar por ah√≠. Es una pena, te pierdes muchos manjares, hay sitios verdaderamente buenos en la ciudad.

Mi cu√Īada abri√≥ un poco la boca, adoptando una mueca de indignaci√≥n que no acab√≥ de completar. Luego se ech√≥ hacia delante y apoy√≥ los codos sobre la mesa.

Paki ‚Äď Estoy abierta a invitaciones de cu√Īados.

Reí.

Yo ‚Äď Si est√°s abierta, se puede estudiar. En ese caso te llevar√≠a al mejor sitio.

Reí de nuevo, dándole aires jocosos al comentario. Ella también río. Iba a comentar algo pero en ese momento su marido llegó con dos copas, le dio una y se sentó a su lado. Yo me levanté y fui hasta la barra a pedirme la primera.

Mi mujer me llam√≥ al m√≥vil dici√©ndome que ya se quedaba en la habitaci√≥n pues el peque√Īo estaba dormido. Le dije que intentar√≠a no hacer demasiado ruido al llegar y colgu√© aliviado. No es mala en la cama, por eso sigo con ella, pero √ļltimamente no siento nada m√°s; es descuidada y sus aficiones no coinciden con las m√≠as. Pero mientras me la siga mamando, no tengo por qu√© negarle la mitad de mi sueldo de cuatro mil quinientos ¬†euros de ingeniero. La muy puerca nunca ¬†tuvo oficio, sabe que su estado del bienestar depende de la frecuencia y calidad de sus mamadas y polvos. Y es precisamente nuestra muy saludable vida sexual la que la mantiene con un buen nivel de ¬†vida a mi lado. No obstante no soy hombre de estar mucho tiempo con una sola mujer, y ya iba para cinco a√Īos que solo la cataba a ella. Mi deseo creciente por su hermana mayor estaba, en parte, provocado por ello, y en parte por lo extremadamente hembra que era Paki.

Las siguientes dos o tres horas se resumen f√°cilmente: M√ļsica alta, luces psicod√©licas, alcohol creciendo en las venas, bailes en grupo y por separado, mi cu√Īada Paki cerca de m√≠, mi cu√Īada Paki m√°s lejos, busco con la mirada a Paki y cuando la encuentro me est√° mirando, mi cu√Īada Paki se acerca y bailamos juntos, o tal vez yo me acerco a ella; igual d√°, ¬†me dice algo que no entiendo por la m√ļsica y por que ella lleva las mismas copas que yo. Un lento, ella con su marido y yo sentado mirando a las pocas parejas que bailan en el centro de la pista. Hablo con un cu√Īado. Me pido otra copa y sigo bailando, mi cu√Īada Paki mir√°ndome descaradamente. Mi pene muy empalmado y al lado noto una vibraci√≥n. Tardo en percatarme que es el m√≥vil, lo saco del bolsillo, es mi mujer. Miro la hora, las 5:45 de la ma√Īana. Me salgo algo sobresaltado a un patio contiguo para poder hablar fuera del ruido. Mi voz a pena es entendible merced a las copas. Fuera hace fr√≠o. Acierto a escuchar a mi mujer diciendo que el ni√Īo no para de llorar, pues la m√ļsica de la fiesta se cuela en la habitaci√≥n. Me dice que se vuelve a casa con el coche. Que me busque la vida al d√≠a siguiente para volver.


Mi cu√Īado, el marido de Paki, sale a preguntarme si todo est√° bien. Le cuento la historia ¬†y √©l ve el cielo abierto. Sale Paki con su hija y preguntan qu√© ocurre.

Yo ‚Äď Tu hermana, que se va para casa, ¬†el ni√Īo aqu√≠ no puede dormir.

El marido se dirige a su monumental, por hembra del montón, mujer.

Marido ‚Äď Pues creo que deber√≠amos irnos con ella. Los tres cabemos, as√≠ no tenemos ¬†que esperar al bus.

Hija ‚Äď Me parece bien, estoy muy cansada.

Paki ‚Äď ¬°no!, me lo estoy pasando bien.

La buena de mi cu√Īada no pod√≠a disimular lo bebida ¬†que estaba, igual que yo.

Yo ‚Äď Te puedes quedar en mi habitaci√≥n. La cama es grande, pero dormir√© en el suelo. ¬†Da igual, estar√© muy cansado.

Después de un silencio Paki miró a su marido pidiendo aprobación. Buen detalle de hembra, a merced del que manda.

Marido ‚Äď Est√° bien, ma√Īana os volv√©is con alguien. Cu√≠damela.

Esto √ļltimo me lo dijo gui√Ī√°ndome un ojo, en tono de broma.

Cuando el coche parti√≥ con mi mujer, mi hijo, mi cu√Īado y su hija; Paki y yo nos miramos.

Paki - ¬ŅOtra copa?

Yo ‚Äď y dos.

Entramos en la sala de fiesta. Fuera empezaba a amanecer y quedaba poca gente bailando, todos borrachos.

A las ocho de la ma√Īana est√°bamos tres personas: Paki, Alba (mujer de uno de sus hermanos, es amplia ¬†familia) y yo. Bebidos. No recuerdo de qu√© hablamos. Solo que nos levantamos y nos despedimos.

Por el pasillo Paki y yo íbamos riendo, casi de lado a lado. Muy bebidos. En un traspié, justo ante la puerta de mi habitación, ella por poco no se cayó. La sostuve por la cintura y la apreté contra mi cuerpo. Sin duda tuvo que notar mi erección, la cual no me había abandonado en casi toda la noche. Hubo un instante de silencio. Nos abrazamos, ella se meció, rozándose. Todo quedo ahí, de momento.

Casi como caímos en la cama nos quedamos dormidos. Yo solo atiné a quitarme los pantalones y la chaqueta; quedé dormido en calzoncillos, camisa y corbata holgada. Ella solo se quitó los tacones y la chaquetilla torera; quedando dormida con el vestido algo subido, mostrando casi todas sus piernas hasta donde empezaban las medias, y la zona superior del traje  algo aflojada de las cuerdas que la amarraban.


S√© que dormimos as√≠ vestidos porque as√≠ est√°bamos cuando despert√© a eso de las diez de la ma√Īana. Ella en la parte derecha de la cama y yo en la izquierda. Ni siquiera hab√≠amos desecho la cama, ¬†dormidos sobre la colcha y s√°banas. A penas hab√≠a dormido hora y media. Aun aturdido por el alcohol, con la boca seca y muy caliente (Como siempre que tengo resaca).

Ella dorm√≠a profundamente, su respiraci√≥n la delataba. Notaba mi pene reventar los calzoncillos, necesitaba descargar. No recordaba muy bien la noche, pero en ese momento agradec√≠ que no hubiese pasado nada. Me levant√© con cuidado y fui al ba√Īo con toda la intenci√≥n de masturbarme.

Mi reflejo en el espejo no era el mejor. Mala cara, ojeras y el pelo medio despeinado, todavía con el efecto de la gomina. Me lave los dientes y la cara con agua fría. Me coloqué sobre el wc y dejé caer los calzoncillos. Ellos, junto a la camisa, con tres botones desabrochados y la corbata holgada y puesta de cualquier manera, seguían siendo mis ropajes. El tacto de mi mano en la polla me hizo suspirar, no era aquello lo que necesitaba… De repente me pareció oir algo. Me detuve y presté atención, de nuevo la oí:

- ¬† ¬† ¬† ¬†¬ŅHola?

Me sub√≠ el calzoncillo y sal√≠ del ba√Īo. Pakii estaba semi incorporada en la cama, apoyada con los codos, despeinada y con cara de dolor de cabeza.

-        Ah, estás aquí, pensé que estaba sola. Dios, me duele todo.

Estaba bellísima en su naturalidad. Una belleza digna de ser follada, a pintada, belleza humana, auténtica.

-        Iba a darme una ducha.

Ella entonces me miró, noté que notó mi bulto. Pude ver claramente que se sobresaltaba, que su expresión ganaba entereza, que de repente le dolía menos la cabeza. Suspiró y se dejó caer en la cama. Decidí que me lanzaba el mensaje de no hay prisas. Mi pene pensaba por mí. Fui a la cama y me tumbé junto a ella.

Su cuerpo pedía sexo tanto o más que el mío. El mío lo manifestaba en la incontrolable y no disimulada erección. El de ella en sus movimientos de gata sobre la cama, en la forma en la que su maduro, algo relleno y voluptuoso cuerpo se giró hacia mí, colocándose de lado.

En el pasillo había silencio. Toda la planta estaba ocupada por invitados del hotel, todos debían estar dormidos a esas horas. Toda la magia animal del ser humano se apoderó de aquel coqueto cuarto de hotel. Paki y yo éramos solamente meros actores que iban a interpretar la danza más antigua e innata de la humanidad. Y, por supuesto, ninguno iba a poner trabas a ello. De repente, dejarse llevar  fue infinitamente más sencillo de lo que imaginé en mis decenas de pajas pensando en cómo sería estar con ella.

El sentirnos todav√≠a bebidos despu√©s de dormir tan poco, para qu√© enga√Īarnos, ayud√≥.

Todo empezó cuando dije, por supuesto sin pensar, que en esos momentos agradecería que allí tumbada estuviera su hermana; es decir, mi mujer. Para pecar a lo grande, mejor empezar con una gran mentira. Mi mujer es quien menos me apetecía tener allí en esos momentos, y Paki quien más.

Y después todo continuó:

Paki ‚Äď Puedo imagin√°rmelo, pero ¬Ņpor qu√© lo dices?.

La miré de frente, a los ojos. Sentía como si el diablo mirase a través de ellos; me pregunto si ella también los vio diferentes.

Yo ‚Äď Porque no hay nada como una buena mamada y un buen polvo, sin prisas, en d√≠as de resaca.

Noté asomar su lengua, relamiéndose imperceptiblemente el labio superior.

Paki ‚Äď Bueno, todos duermen ahora, hay tiempo. Para darte una mamada ¬†y un buen polvo solo necesitas a una mujer.

Juro por Dios que nunca una mujer ha sabido excitarme tanto con una sola frase.

Intenté hacerme el duro, pero no debí resultar convincente.

Yo - ¬Ņtengo cara de ponerle los cuernos a mi mujer con su hermana mayor?, ¬Ņtan cabr√≥n me crees?.

Me  sorprendió lo rápido que respondió.

Paki ‚Äď Solo quiero que compares mi mamada con la suya. Nadie sabr√° nada.

Le sonre√≠, ella respondi√≥ mostr√°ndome su mejor sonrisa. Me baj√© los calzoncillos y los tir√©, mi polla qued√≥ al aire. La agarr√© hasta dejar el capullo al aire. La ten√≠a gorda y grande, me sent√≠a orgulloso de mostr√°rsela. Ella solt√≥ un ‚Äúguau‚ÄĚ y se relami√≥.

Yo ‚Äď Vamos Paki, ya est√°s tardando.

Lo que vino después fue, hasta la fecha, el mejor sexo que tuve en mi vida con diferencia:

Se quitó algo de la boca, sonriente, y se dejó deslizar hasta los pies de la cama. Debía tener muchas ganas de polla pues a penas tardó en engullirla entera. La masturbó una vez hacia abajo y la contuvo sostenida por los huevos, dejándola entera libre. Apenas dos lametones al capullo y su boca la tragó entera. Rápidamente cogió ritmo, ya no me miraba, solo se centraba en el trabajo. Una y otra vez, arriba y abajo, a veces se ayudaba de su mano derecha, masturbándola.
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No pod√≠a dejar de mirarla, no pod√≠a creer que Paki estuviera ah√≠, d√°ndome una monumental mamada. Sent√≠a mi polla derretirse en el calor h√ļmedo de su boca. Cerr√© los ojos un instante, dej√°ndome llevar; ¬†Paki la com√≠a ¬†extraordinariamente bien, sent√≠a subir el placer hasta todos los poros de mi piel. Me acord√© de las muchas veces que cerraba los ojos en mamadas de mi mujer, imaginando que era su hermana quien me la hac√≠a. Pero ella la com√≠a mucho mejor.

Alternaba periodos de mamada ¬†fuerte con partes de relax absoluto, en las que escup√≠a sobre la polla para lamerla suavemente ¬†luego, d√°ndoles besitos peque√Īitos; mir√°ndome, con los flequillos sobre la cara.

Nunca me han trabajado así el pene. Ni las putas más caras a las que solo he pagado cuerpos esculturales. Paki sabía que nunca me lo habían hecho así de bien. Se detuvo y me desabrochó la camisa para lamerme el abdomen y el tórax. Luego me miró con suficiencia, no me preguntó que tal porque sabía que era lo mejor que me habían hecho en mi vida, me sentí ligeramente incómodo ante la seguridad en si misma de aquella mujer en la cama. Sin ser la más bella, entrada ligeramente en edad y en carnes.

Me desnudó por completo y luego lo hizo ella. Primero las medias, luego el vestido, luego las bragas y el sujetador rojos. No dijimos nada, pues en ese momento hablábamos un idioma universal.

Me levant√© y la coloqu√© boca arriba. La abr√≠ de piernas, igualmente su co√Īo se abri√≥ como una flor. Con pelos, pero bien cuidado y limpio. Acarici√© sus muslos y los bes√©, met√≠ sus pies en mi boca, chupando cada dedo. Luego me acomod√© y pas√© mi lengua por todo su sexo. Sabores salados y amoniacados de pis, inundaron mis papilas gustativas. Sus gemidos me alentaron a pasarla otra vez, y otra. Mord√≠ sus labios y met√≠ la lengua. Acab√© lamiendo su bot√≥n mientras el dedo √≠ndice de mi mano derecha entraba y sal√≠a, retorci√©ndose, buscando rozar para otorgar m√°s placer.

No podía más, necesitaba dar merecida follada a semejante hembra madura. Ella pareció leerme la mente.

Paki ‚Äď Vamos, cu√Īadito, f√≥llame. ¬°A qu√© esperas!.

Yo ‚Äď Voy, mi yegua.

Le dí la vuelta, quería darle por detrás. Ella obedeció dócil e hincó las rodillas, agachando las caderas casi a ras de cama y empinando mucho el culo; manos y cara apoyadas sobre la almohada.

Verla  así me animó. La imagen que tenía ante mí era majestuosa.

Yo ‚Äď Eres una hembra muy d√≥cil, me sorprendes y agradas, Cu√Īada.

Ella se limitó a gemir, meneando el culo lentamente de lado a lado, pidiendo guerra.

Palp√© el co√Īo y coloqu√© mi polla hasta meter la cabeza. Ella gimi√≥ pausada y largamente. La agarr√© por las nalgas-caderas ¬†y comenc√© a galopar. Buena yegua, se mov√≠a acompasando mi follada, ¬†permiti√©ndome entrar mejor, sin perder la majestuosa compostura de hembra a cuatro patas. ¬†

Cuando resulta extremadamente f√°cil y placentero follar a una mujer, es porque esa mujer folla muy bien. Y eso me pas√≥ con Paki. Follaba muy bien, y me lo volvi√≥ a demostrar cuando salt√≥ sobre mi polla, en cuclillas sobre mi. Primero d√°ndome la cara y luego la espalda, ¬†apoyando sus manos en mis pies. De esa follada acab√≥ cabalg√°ndome de forma imperial. Casi sin posarse sobre m√≠, ¬†pero ofreci√©ndome continuamente sus peras y su lengua, quisiese lo que quisiese en cada instante. Trabajando bien la polla en un movimiento de culo que me permit√≠a entrar hasta lo m√°s profundo de su co√Īo, empezando cada embestida desde arriba del capullo; y no desde la mitad de la polla, como hacen la mayor√≠a de las mujeres.

Estaba muy sorprendido por la resistencia física de Paki,  para nada parecía que pudiera follar de aquella manera.

A la hora de evacuar, como no podía ser de otra manera, ofreció su boca. Y así esperó, a gatas sobre la cama, que yo  terminara de masturbarme de pié a los pies de la misma. Al llegarme abrió la boca y me dejó enchufarle la manguera hasta la campanilla. Mi semen salió disparado recorriendo su garganta y llenando su boca de mi blanco amor.

Desde aquel d√≠a comenc√© a plantearme seriamente mantener a Paki, en lugar de a su hermana. Nunca se ve igual a la mujer que te da semejante sexo. Paki ya nunca ser√° mi deseada cu√Īada mayor, ahora es la mayor hembra de la que me he aprovechado. Dej√≥ mis huevos limpios, pues antes de salir de la habitaci√≥n descargue otra vez, esta vez en su culo. No le hac√≠a mucha gracia, pero me impuse; y ella, como la buena hembra que es, ¬†accedi√≥.

El relato es de todorelatos.com y las fotos son para adornar el post.





Espero que hayan disfrutado del post BUEN GARCHE o BUENAS PAJAS!  

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